martes, 17 de febrero de 2015

¿El sistema escolar no origina conflictos entre generaciones, en la medida en que puede acercar en las mismas posiciones sociales a personas que se formaron durante dos etapas diferentes del sistema escolar?

Podemos partir de un caso concreto: actualmente, en muchas de las posiciones medias de la burocracia pública donde se puede avanzar aprendiendo en el propio trabajo, se encuentran juntos, en la misma oficina, jóvenes bachilleres o incluso licenciados recién salidos del sistema escolar, y personas de cincuenta o sesenta años que empezaron treinta años antes con el certificado de primaria en una época del sistema escolar en que este certificado era aún poco frecuente, y que por aprendizaje autodidacta y antigüedad alcanzaron posiciones directivas a las que ahora sólo tienen acceso los bachilleres. En este caso, los que se oponen no son los jóvenes y los viejos, sino prácticamente dos etapas del sistema escolar, dos etapas de la escasez diferencial de los títulos, y esta oposición objetiva se refleja en luchas de clasificación: como no pueden decir que son jefes porque son ancianos, los viejos invocarán la experiencia que se asocia con la antigüedad, mientras que los jóvenes invocarán la capacidad que garantizan los títulos. La aparente identidad de estatus oculta el hecho de que unos tienen porvenir, como se dice, y que sólo están de paso en una posición que es punto de llegada para los otros. En este caso, los conflictos suelen tomar otras formas, porque lo más seguro es que los jóvenes viejos hayan interiorizado el respeto por el título académico como registro de una diferencia de naturaleza. Así, en muchos casos, ciertos conflictos que se perciben como conflictos de generación se darán, en realidad, a través de las personas o grupos de edad constituidos en torno a relaciones diferentes con el sistema escolar. En la relación común con un estado particular del sistema escolar, y dentro de sus intereses específicos, distintos de los de la generación definida por su relación con otro estado muy diferente del sistema escolar, es donde (hoy en día) hay que buscar uno de los principios unificadores de una generación: lo que tiene en común la mayoría de los jóvenes, o al menos todos los que han sacado algún provecho, por poco que sea, del sistema escolar, que han obtenido una preparación mínima, es el hecho de que, de manera global, esta generación está mejor preparada para el mismo empleo que la anterior (como paréntesis, podemos observar que las mujeres, por una especie de “proceso discriminatorio, sólo obtienen los puestos a través de una sobreselección, y se encuentran constantemente en esta situación, es decir, siempre están más preparadas que los hombres de puesto equivalente). Es cierto que, más allá de todas las diferencias de clase, los jóvenes tienen intereses colectivos de generación porque, independientemente del efecto de discriminación “antijóvenes”, por el simple hecho de haberse encontrado con estados diferentes del sistema escolar siempre obtendrán menos por sus títulos que lo que hubiera obtenido la generación anterior. Hay una descalificación estructural de la generación. Sin duda esto es importante para comprender esa especie de desilusión que sí es relativamente común a toda la generación. Incluso, parte de los conflictos actuales pueden explicarse de esa manera, por el hecho de que el plazo de sucesión se va alargando, que la edad a la cual se transmiten el patrimonio o los puestos es cada vez más avanzada y que los juniors tienen que tascar el freno. Son los momentos en que chocan las trayectorias de los más jóvenes con las de los más viejos, en que los “jóvenes” aspiran “demasiado pronto” a la sucesión. Estos conflictos se evitan mientras la sociedad consigue regular el ritmo del ascenso de los más jóvenes, regular las carreras y los planes de estudio, controlar la rapidez con que se hace la carrera, frenar a los que no saben hacerlo, a los ambiciosos que quieren “correr antes de saber andar”, que “se empujan” (en realidad, casi nunca tienen necesidad de frenar a nadie, porque los “jóvenes” —que pueden tener 50 años— han interiorizado los límites, las edades modales, es decir, la edad en la que podrán “aspirar razonablemente” a un puesto; ni siquiera tienen la idea de solicitarlo antes de tiempo, antes de que “les llegue la hora”). Cuando se pierde “el sentido del límite”, aparecen conflictos sobre los límites de edad, los límites entre las edades, donde está en juego la transmisión del poder y de los privilegios entre las generaciones. Extracto de la entrevista del sociólogo Pierre Bourdieu con Anne-Marie Métailié que apareció en Juventud y el primer trabajo, París, Asociación de Todas las Gentes, 1978, p. 520-530. Reeditado en Cuestiones de Sociología , Editions de Minuit, 1984. Ed. 1992 pp.143-154.

Las migraciones contemporáneas y las problemáticas que les son consustanciales

Se está de acuerdo con Blanco (Blanco, 2006:7) cuando dice que "las migraciones humanas constituyen un fenómeno social de primera magnitud en nuestro mundo contemporáneo (…)

Es evidente que este fenómeno de las migraciones está generando una movilidad sin precedentes, pues a todas luces son notorias las crecientes diferencias de desarrollo entre regiones a lo largo y ancho del mundo presente, como también, el aumento de la interdependencia económica internacional, los avances en los medios de comunicación y de transporte, el reconocimiento del derecho de los inmigrantes a vivir con sus familias, la creciente complejidad mundial generadora de un número cada vez mayor de refugiados y desplazados etc., como factores generadores de esta gran movilidad.

Sin embargo, como Herrera (2006: 9) lo señala “la evidencia nos indica que los esfuerzos realizados por estudiar este multifácetico fenómeno social de las migraciones, han permanecido dispersos en un voluminoso caudal de información, hasta hoy nunca inventariada ni abordada sistemáticamente” (Herrera, 2006: 9).

Sumado a este hecho, a nivel de la sociedad y la academia no hay una mayor preocupación por el tema. Ya no sólo por sus características sino, sobre todo, por las problemáticas que le son consustanciales o que se le derivan como colaterales, y por sus consecuencias e implicaciones.

Cfr. BLANCO, Cristina (2006) Migraciones nuevas movilidades en un mundo en movimiento, ANTHROPOS, Barcelona.

Cfr. HERRERA CARASSON, Roberto (2006) La perspectiva teórica en el estudio de las migraciones, Siglo XXI Editores, México.

LA MARGINALIDAD URBANA NO ES IGUAL EN TODAS PARTES. POR LO TANTO, SE DEBE TRABAJAR TAMBIÉN SOBRE LAS LUCHAS DE LOS CONDENADOS DE LA CIUDAD.

"Ser ciudadano hoy, es tomar parte en esa compleja trama de creación colectiva constituida por la ciudad y el territorio; es interesarse no sólo por ese espacio que existe entre el hombre y las cosas materiales y económicas del día a día, sino también, y más importante aún, entre la sociedad y sus escenarios, entre lo humano y lo natural (lo ambiental) entre nuestra mente y el universo. La marginalidad urbana no es igual en todas partes. Por lo tanto, se debe trabajar también sobre las luchas de los condenados de la ciudad. La comparación revela que las estructuras y las políticas estatales determinan las desigualdades en el mundo. Ello se explica por la doble retracción salarial y del bienestar, por la dimisión del Estado frente a sus responsabilidades y por las políticas públicas de segregación y abandono urbano, imperantes. La proliferación de villas miseria y barrios problema, por su parte traduce la descomposición de territorios obreros, residenciales y populares, por el efecto conjunto de la desindustrialización, la precarización del trabajo y la mezcla étnica de poblaciones hasta ahora compartimentadas; y evidencia un nuevo régimen de marginalidad alimentada por inestabilidad estructural del trabajo asalariado y pauperización de sectores populares y de clase media sin la conciencia política para forjar una identidad común y reivindicaciones colectivas, en medio de una explosiva mezcla de opulencia, miseria y violencia en las metrópolis. Sobre esto hay mucho por discutir y trabajar" (WACQUANT, Loïc, (2007) Los condenados de la ciudad. Gueto, periferias y Estado, Siglo XXI Editores Argentina, Buenos Aires).